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Relato enviado por:
monica tamayo
Calificación del Relato
Lecturas
19168
Enviado el:
2007-03-29
 Español Maduritas Maduritas
Unas Vacaciones De Placer

Resumen:
Lo que parecia una semana tranquila de vacaciones se convirtio en una esplendorosa semana de pasion y deseos


A mis 42 años creía haber vivido lo suficiente en la vida, pero algo sucedió que no me esperaba, tengo un matrimonio normal, de clase media, que aspiraba a pasar una semana de vacaciones en las playas del Pacifico Colombiano, llamado Ladrilleros, un lugar un poco inhóspito, con un turismo artesanal, con construcciones de madera y un poco selvático. Habitado por negros en su mayoría
Salgo en compañía de mi marido con la intención de pasar varios días tranquila, dedicada al ocio, la lectura, los baños en el mar y al descanso.

Hace un calor infernal, yo tengo puesto un shorcito blanco, un poco altico, una camisetita rosadita que me llega al ombligo, pantys rosaditos y un brasier rojo, lo mas apropiado para un día caluroso donde el trayecto a la isla nos deja prácticamente emparamados a los ocupantes de la lanchita, producto del agua arrojada por las olas del mar que nos salpican sin piedad; a mi lado derecho esta mi esposo, al lado izquierdo se sienta un muchacho fornido, negro, de 27 años aproximadamente, quien durante todo el trayecto no hizo sino intentos por rozar mis pechos, con sus brazos, en un principio me fastidio esta situación, pero luego me pareció divertido, y dejaba que se recostara en mis senos y me hiciera unos rítmicos masajes, al ritmo del movimiento de la lancha.

Nos alojamos en una cabaña en Ladrilleros, por la noche mientras cenábamos en un modesto restaurante del lugar, le comento a mi esposo lo sucedido y lo incomoda que me había sentido, al tener que viajar de esa forma y recibí silencio de su parte.

Al día siguiente, me enseña una linda tanguita hilo dental azul, acompañada de una salida de baño transparente del mismo color de la tanga, para que la luzca en la playa, me convence para que me la ponga basándose en que había poca gente, éramos unos desconocidos y no debía complicarme además que le gustaría ver como los hombres me miraban, me pareció algo simpático, y no le vi inconvenientes, poco realizable pues la playa estaba casi desocupada, había pocos bañistas, pues no era temporada de visitas turísticas. También acordamos que iría sola a todos los sitios y mi esposo estaría atento y previendo cualquier situación desagradable unos metros atrás o delante mío.

Me sentía extraña, la parte de arriba del sostén tampoco era mucho lo que me tapaba, sentía las miradas de los hombres sobre mis nalgas y mis senos , y en vez de disgustarme me sentía deseada, lo que aumentaba mi ansiedad.
Así pasaron dos días sin mayores detalles que narrar, mi marido me comentaba por la noche lo que había observado como me miraban y los comentarios que hacían en voz baja, sobre lo provocativa que estaba lo buena que estaba. Eso me excitaba.

Al tercer día, mientras tomaba el sol boca abajo, un poco dormida, siento la voz de alguien quien me saluda: “que alegría verla, y porque tan solita? Usted es la señora de la lancha verdad?.... sin quitar su mirada de mis nalgas, lo miro con coquetería permanezco boca abajo, mostrando naturalidad y le respondo que ya mi marido viene.

Cuando el chico se retira le comento a mi esposo lo que conversamos a lo que el me hace una propuesta: “Yo vi como lo mirabas, el chico te gusta verdad? Serias capaz de tener algo con el? Serias capaz de enamorarlo? Yo no me esperaba algo así, quede perpleja y solo atine a responderle, “no lo se, no lo se, puede que yo si quisiera tener algo, pero no sabemos si el negro lo desee conmigo” intentémoslo me respondió. Lo voy a pensar, no me creo capaz”, le respondí.

Al cuarto día, asoleándome, con mi esposo a prudente distancia pero escondido a través de un parasol, el negro se me acerca y al verme nuevamente sola me pregunta por mi esposo, a lo que respondo estaba un poco enfermo y que prefirió quedarse en la cabaña, para poder estar en el mar por la tarde.
Esa respuesta lo entusiasmo demasiado, sin quitar su mirada sobre mi cuerpo, hablamos de los sitios que se podían visitar en la isla y se propuso como guía.
Yo le respondí que me gustaría mucho, pero que tenía que comentarlo con mi marido.

Me pregunto entonces que si le permitía untarme el bloqueador solar a lo cual asentí con un gesto de afirmación.
Empezó por regar el aceite en la parte inferior de los pies y a subir lentamente sus manos por mi cuerpo, cerré los ojos concentrándome en como sus dedos pasan por mis tobillos y van subiendo lentamente, por las piernas, sentí un escalofrió en mi estomago, una electricidad en mi bajo vientre, mi corazón palpitaba aceleradamente, estaba ansiosa, extasiada en la sensación de placer que sentía al roce de su mano con mi piel, sin percatarme de lo que hacia, le iba abriendo mis piernas sutilmente, para que pudiera maniobrar mas fácilmente sus dedos entre mis muslos, al llegar a mis nalgas, doy pequeños brinquitos de goce, acentuándose cuando hábilmente levanta la tirita de mi tanga que estaba metida entre mis nalguitas y me restriega el aceite bloqueador, tocándome “ocasionalmente” en la puerta de entrada de mi culito, amasa mis nalgas con un cariño y una dulzura única. Cuando termina de untarme el aceite en la espalda, en una decisión caprichosa me acorde de mi esposo y me voltee quedando boca arriba, creyendo que ya era suficiente, y me encuentro con su rostro de aprobación, lo que me motivo a dejar que terminara lo que había empezado, me coloque un sombrero sobre el rostro, para cubrirme del sol pero podía oír como eventualmente pasaban personas a mi alrededor, lo que no me importo, pues solo me interesa se me cubriera el cuerpo con el bloqueador.
Estando boca arriba sus manos se volvieron mas atrevidas y me rozan la panochita, en ocasiones sentí como sus dedos me abren muy levemente la tela de la tanguita deslizándose cerca de mi conchita, sin llegar a tocarla, a pesar de mis deseos
Me unta el aceite del ombligo hacia arriba, llegando hasta donde llegaba la tela del sostén que me tapaba los senos, o mejor, los pezones fue lo único a lo que no le unto el aceite, ya que no le di tiempo, pues cuando iba a hacerlo, me pare repentinamente y lo invite coquetonamente a bañarnos al mar, así lo hicimos durante un largo tiempo, de lo cual no me arrepiento pues tuve la fortuna de poder tocarle su miembro que me imaginaba grande pero me quede corta, era inmenso, un poderoso instrumento de goce, las olas eran pequeñas por lo que nos toco agacharnos intentando ocultarnos entre las olas, pero teniendo la precaución que mi marido pudiera ver los movimientos que hacíamos desde su sitio en la playa.
Cuando tuve entre mis manos su polla mi deseo inmediato fue ser penetrada, pero me acorde que hasta ahí no llegaba el compromiso con mi esposo, aunque estaba desesperada por meterme su pollota, no se lo permití achacándole la culpa a las olas. Cuando le dije: “Papi, quiero ser tuya, pero en este momento no, mi marido puede aparecer en cualquier momento, estoy segura que habrá un momento donde me podrás tener a tu gusto y no con afanes, le hice una paja a ese monstruo de verga, y fue la única manera de contenerlo, además que yo misma le metí sus dedos dentro de mi cuquita, y deje que me explorara por dentro toda, integra, hasta que pude ver como mi marido me hacia una señal acordada de antemano, que indicaba debíamos volver a reunirnos sin despertar sospecha: “papi, amor mío, ahí viene mi esposo, vete vete rápido, el solo decía, cual es, cual es,” y yo le señalaba para el lado opuesto a donde estaba mi esposo. Se fue por debajo del agua y salio a varios metros de donde estábamos lo que aproveche para salir, lo que evito el reconociera a mi esposo.

Al día siguiente muy temprano, acorde con mi marido que fuera yo sola al sitio que el había ofrecido llevarnos, el fingiría estar enfermo, no poder ir, lo que era falso

A la hora del desayuno, me encuentro con mi negrote, le digo que no podemos ir al paseo, pues mi esposo seguía enfermo, el se desilusiono un poco, pero yo le propuse fuéramos a insistirle a ver si me dejaba ir sola.

Entramos a la cabaña, mi esposo me insistía en que fuera y yo fingía que no quería ir, mi negrito se mostraba extrañado de mi actitud, cuando lo considere conveniente “acepte”. Con la condición que mi esposo si se sentía mejor , saliera a encontrarnos por la tarde. A donde íbamos a ir se llama la Barra.
Iba con mi shorcito, mi tanguita, la salida de baño, no habíamos recorrido más de 200 metros cuando Jefferson me pide que me quite el shorcito, y la salida de baño, y sus manos se posesionan de mi culo, por debajo de su pantaloneta empieza a asomarse el bulto de esa trancota, que estaba ansiosa porque fuera mío.
Para llegar a la Barra hay que recorrer un largo camino de unos tres kilómetros de playa, rodeada de palmas de coco.

Cuando logramos ponernos a cierta distancia de la playa de Ladrilleros, mientras corríamos como niños alargando la espera de ese momento que tanto deseaba, me dejo caer en la orilla y le digo:
“Papi te deseo, quiero sentirte mía, te prometí que me podrás meter tu vergota, por donde quieras, y aquí me tienes, para ti papi, hazme lo que quieras, como y cuando quieras, culeame, culeame culeame, ” se saco su armamento y me lo apunto a la boca, la cual no se hizo rogar y me lo metí todo, integro, totalmente, me llegaba hasta lo mas profundo de la garganta, tenia que sacármela para tomar aire, pues me asfixiaba, y aunque me fastidiaba, no quería dejar de mamársela, me parecía mentira que estuviera con semejante Organo mamando y dándole besitos en las pelotas, en un momento dado me acorde de mi esposo y trate de ver si estaba en alguna parte no lo vi,, pero no me importo, ya después le comentaría lo que había sentido y lo que me había dicho mi negro hermoso.
Después de mucho rato mamando y de tener sus dedos que se revolcaban dentro de mi
Chocho, el es quien me dice: “Mami, me gustaría antes de darte por la panocha, quiero intentarlo por el culo” yo no esperaba que saliera con eso y le dije: “pero papi es que esa vergota tuya es muy grande me dolerá mucho, nunca he dado nalguita, por favor no papi, ni a mi esposo le he dado mi trasero, es muy doloroso y tu polla es grande y demasiado gruesa” pero el insistió y accedí a sus deseos; es que no me importaba nada, quería a mi negro; me coloque como perrita, empieza a pasar su lengua por mi ano, y la inunda toda y enseguida intenta la penetración, lentamente y a pesar de su delicadeza, el dolor es impresionante, mis quejidos hacen que el me pida sacar lo que hasta ese momento me había penetrado, pero le ruego y digo que no: “Papi, estoy decidida, no me la saques, quiero complacerte, no me importa me duela, métemela hasta el final, me encanta sentirte dentro de mi, te quiero papito… este culo es tuyo papi, eres el primer hombre que me la entierra,” El prosigue empujando y mi dolor se hace cada vez grande, pero no me importa, cada centímetro que entra a mi culo es un placer que siento, es un deseo, es un orgasmo pleno, sentirme penetrada por un pedazo de carne negra gruesa, venosa, fuerte, pero jugosa me excita, hasta que por fin me entra totalmente le pido “ amor mío, déjame tu leche en mi culito, no lo saques… quiero que esto nunca se acabe” Mi brioso machucante me complace y empieza a mover sus caderas incesantemente, sin parar aun ritmo frenético, mientras nuestros cuerpos no se separan no me duele pero cuando un milímetro de mi piel no toca sus testículos, el dolor es infernal.
Hasta que termina mi trasero repleto de su caliente líquido, trato de pararme después de un breve descanso, pero el dolor no me lo permite, me duele como si me hubieran desgarrado por dentro, como si me hubieran metido un pedazo de carbón lleno de fuego dentro del culo; decidimos no seguir caminando y nos quedamos en ese sitio el resto del tiempo, jugueteando con las olas, con su pene con mis tetas, las que me mamaba como niño pequeño, estábamos completamente desnudos y aunque pasaba gente nativa y turistas cerca no me importaba; una vez se recupero de tan tremendo polvo y su pene estaba nuevamente listo, nos metimos debajo de unas palmas de coco y le pedí: “Mi papi lindo, quiero que me comas por la chocha, el no se hizo rogar y me coloco encima de el lo que facilitaba la penetración; y fueron otros momentos de goce pleno, sintiendo ese tizón de 23 CMS que tenia ardida mi panocha y me hacia gozar y gritar como una zorrita; fueron muchos minutos de placer hasta que pude volver a sentir el chorro de su semen dentro de mi. Permanecimos mucho tiempo abrazados, besándonos, acariciándonos, mientras mi ano se reponía del dolor.

Cuando eran las 4 de la tarde aproximadamente, evitando la marea alta, avanzábamos hacia Ladrilleros, vimos a lo lejos que mi marido salía a nuestro encuentro, me recibió, con un beso en la boca, y cuando me vio cojeando le inventamos que me había golpeado.

Por la noche volví a ver a mi imponente negrote, lo busque para despedirme ya que al día siguiente salíamos de regreso, nos despedimos con un beso prolongado en la playa y unos tres dedos metidos en mi chocha.

Al día siguiente, se aparece en nuestra cabaña, mi negro vergon para ofrecerse a llevarnos las maletas, pues estaba preocupado por mi cojera y se sentía culpable, lo cual aceptamos gustosos, al llegar al desembarcadero me despido con un beso en la mejilla de mi negro y hermoso amante, dándole las gracias por todo, a lo cual el responde “Fue con mucho gusto, acá estoy para servirle cuando regrese, espero que se mejore de la cojera, y dirigiéndose a mi esposo le dice: “ Me la cuida, oyó?” Mi marido se sonríe y me aprieta y me da una palmada en la nalga

Esa noche ya en la cama de nuestro hogar mi esposo me dice riéndose “nunca me quisiste dar el culo a mi y se lo diste a tu amiguito, vi todo perfectamente escondido detrás de las palmas, como te puso a gritar y a gemir, te coloco en cuatro y te la iba clavando y le pedías cada vez mas polla, y no dizque no te gustaban los negros? Yo le dije: “Una Tranca como esa negra, peluda, cabezona, dura, resistente le hace cambiar la opinión a cualquiera no crees? Nos dimos un beso y quedamos dormidos


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