Sexo Gratis   Fotos Porno   Videos Porno   Foro XXX   Relatos Porno
Relatos Porno de PeterPaulXXX.com
SECCIONES
 Inicio
 Los + leidos
 Los + calificados
 Los + recientes
 Encuestas

AUTORES
 Publica tu relato
 Date de alta
 ¿Olvidaste tus datos?

TIPOS DE RELATOS
 Familiares
 Fantasticos
 Fetichismo
 Maduritas
 Manga-Hentai
 Masturbarse
 Orgias y Trios
 Porno Eroticos
 Sadomasoquismo
 Sexo Gay
 Sexo Lesbico
 Transexuales
 Voyeaur
 Zoofilia
 Todas las categoria...

OCIO
 Foro de Contaxtos
 Chat Online

LISTA DE CORREO
Suscribete a nuestra lista


INFO
 Faq y Dudas
 Sobre la web
 Privacidad/Legal
 Contactar webmaster
Si este relato es ILEGAL, reportalo a los administradores: Pinchando Aqui
Incluya el Titulo del Relato en su mensaje para que podamos revisarlo
Relato enviado por:
marcos22lasPalmas
Calificación del Relato
Lecturas
7404
Enviado el:
2002-10-25
 Español Orgias y Trios
Cuando El Cielo Vino A Mi

Resumen:
Una chica heterosexual decide viajar junto a sus 2 amigos (un chico hétero y su amiga lesbiana). Una excursión que swe convierte en algo más que un viaje. Los tres acaban protagonistas de un juego sex


No es corriente el hablar de las cosas que le pasan a uno, pues las personas
debemos tener una cierta intimidad que no interesaría a nadie. Lo que ocurre es que a
mí, por suerte o por desgracia, el haber estado en el momento apropiado, en el lugar
apropiado, me ha llevado en cierto modo hacia un estilo de vida que, para nada, antes
había anhelado.

Ocurrió una mañana de estas en las que una fría seguridad en tu interior te indica
que no habrá absolutamente nada flamante por pasarte. Pero ese día, uhmmm, ese día fue incomparable.

Como cualquier miércoles (que en nada se diferencia a un martes, lunes, etc.),
desayuné un vaso de café con leche y un plátano, no sin antes haberme duchado pues
estaba asquerosamente sucia por una noche en la que había estado manchando con la
menstruo. De esta forma, sonó el telefonillo de la calle y contesté enseguida pues me
habría hecho ilusión la visita de algún amigo. Pero no fue un amigo, sino..., dos.

Mis amigos eran Belén y Pedro.

La expresión en sus rostros me hacía intuir una buena noticia por parte de ellos,
como una boda (aunque no sería tan buena), o yo qué sé. La verdad es que sí era buena, pero de ningún modo la habría adivinado. Me trajeron tres billetes para ir a Grecia; más concretamente a la Isla griega de Lesbos, famosa por el lesbianismo de sus antiguas habitantes.

Sonaba divertido, así que hice una pequeña aprobación con la cabeza y justo un
segundo después, Belén sacó del bolso una botella de champaña y lo celebramos.

A la semana siguiente ya estábamos allí preparados para un fin de semana
inmortal. En el pueblecito donde estaba el hotel sólo había un disco de un ambiente
poco llamativo, al menos para mí y para Pedro. Pues era un disco para lesbianas. Belén contentísima pues ella es tortilla de los pies a la cabeza, y le va este "rollo bollo".

La habitación concertada era compartida para los tres pues no estábamos como para lujos de habitaciones individuales y, además, el viaje era para estar juntos. Ya en la habitación, Belén comentó que le apetecía ir al disco para ver por encima cómo estaba
el ambiente por aquellas islas. Tras el comentario nos miró a los dos y dijo "aunque,
claro, a vosotros no os llamará mucho la atención". Pedro se calló pues su respuesta ya
se suponía. Sin embargo yo, rápidamente y con un aire descuidado, reforcé la propuesta; palabras ante las cuales Belén no pudo evitar poner una cara de asombro y tal vez de gozo. Al rato de haber hablado el plan para esa noche ya estábamos vistiéndonos para pasarlo bien.

Belén y yo compartíamos maleta así que la deshicimos entre las dos y la colocamos. Mientras abríamos el bolso de viaje, observé cómo ella extraía sutilmente una bolsa negra, y la escondió en el neceser en el que guardaba los menesteres del baño.
No pregunté por si significaría meterme demasiado en su vida. Todo mientras Pedro se
encendía un porro de marihuana y se lo fumaba. Tras aquello Belén dijo de ducharnos
juntas pues el fin de semana pasaría pronto y debíamos ahorrar tiempo en todos los
aspectos. La propuesta me hizo poner colorada y nerviosa pues Belén era muy amiga
pero lesbiana. Y la conocía bien y no desaprovecharía una oportunidad semejante. Con
voz baja y temblorosa le dije que tenía la regla. "¿Y eso que problema supone?, Venga
ya y déjate de tonterías", contestó misteriosamente "muy interesada" en la ducha
común. La discusión llevó unos minutos más y al final se duchó ella y luego yo.

Ya era las 10 de la noche y nos dio hambre, así que decidimos bajar al
restaurante a tomar algo ligerito para luego salir. El problema fue que Pedro todavía no
había deshecho su maleta ni se había duchado y mucho menos vestido. Le recriminamos aquel pasotismo tan propio de él y bajamos las dos a cenar mientras él se duchaba.

Cuando ya habíamos comido, estuvimos esperado a Pedro en el hall y, viendo
que no llegaba, subimos a buscarle.

Llegamos a la habitación y no encontrábamos la llave, buscándola, a Belén se le
notaba enfadada pues parecía que nunca llegaríamos a la discoteca. Al final, la
encontramos y conseguimos acceder a la habitación. Pedro se duchaba o, al menos, lo
que se escuchaba era la ducha. Belén se llevó las manos a la cabeza y dijo como para
sus adentros pero en voz alta "por favor, dime que no es verdad, por favor dime que no está en la ducha todavía". La verdad es que no podía decirle que no. Me quedé callada esperando que todo pasara pues para nada quería un numerito de los que tantas veces había montado Belén cuando se enfada.

No pasaron ni 2 segundos cuando escuchamos un gemido muy suave, que
provenía del baño. Era Pedro. Se estaba masturbando o, al menos, es lo primero que se te viene a la cabeza cuando escuchas un gemido de un baño. Tanto Belén como yo nos quedamos mirándonos sin saber si reír, si ruborizarnos. En ese momento que me pareció eterno noté algo de morbo en la situación, imaginando que si entraba en el baño y lo cogiera in-fraganti; me llamaría hacia él y me incluiría en su juego sexual. Aquellos pensamientos hicieron que notara un calorcito desde el ombligo propagándose en todas direcciones y una gran excitación sexual; la cual no pude esconder ante los ojos lesbianos de Belén que me devolvió una sonrisa seductora que interpreté como un gesto cómplice, de amistad.

Entre una pensando maravillas en su cabeza y otra, bollera como la que más,
intentando crear una situación "especial" (por decirlo de algún modo); se me cayeron
las llaves al suelo y, enseguida, Pedro salió del baño con una toallita minúscula atada en la cintura, una mascarilla facial y el pelo engominado de punta; con aire sutilmente gay, que más que del baño parecía estar saliendo del armario.

La imagen de Pedro tan indescriptible por palabras provocó en mí una respuesta
sexual que, como secreto a voces que era, me hizo sonrojar. Mientras miraba a pedro me iba calentando aún más, de tal forma, que no percibí siquiera que la mano derecha de Belén navegaba por mi canalillo hacía uno de mis pechos. La situación era estresante pues ninguno se atrevía a hablar y todos nos estábamos calentando sin querer reconocerlo y sin saber que el nivel ascendiente de excitación era colectivo.

Cuando me di cuenta de la mano de Belén no dije nada, la miré y sonreí. Gesto que me devolvió con gracia. Sin pensarlo dos veces me abalancé hacia Pedro y le besé.
Él recibió mi beso sin resistencia alguna dejándome notar su leve erección que pronto se
completó rozándola contra mi ingle.

El beso con Pedro fue un momento que no olvidaré. Mientras nos enrollábamos
Belén frotaba mi culo a dos manos y lo besaba, cosa que me excitó aún más. Pedro ya
se había deshecho de la toallita y con una mano se masturbaba mientras frotaba mi
vulva; Belén me subía la falda lentamente, movimiento que disimulaba con besos por
mis piernas y un leve masaje por mis cachetes que en ningún momento dejó de
gustarme.

La situación había ido tan rápido que, aturdida, dije basta y los aparté con fuerza.
Y con un "no quiero follar con vosotros" terminé de hablar. Los dos se me quedaron
mirando y Pedro me recriminó mi gesto. Les dije que no quería que nuestra relación
saliera perjudicada por aquella locura, simplemente era eso. De nuevo una situación de
hielo en la que ninguno hablaba. Pedro se limitó a inclinarse ante mí, terminó de
subirme la falda, suavemente, pidiéndome permiso con la mirada, me bajó las bragas
con intención de comerme el coño un rato. En parte me apetecía mucho así que no se lo
impedí, noté que se cortó un poco al verme la regla pues supongo que se sorprendería,
pero al rato me introdujo con suavidad y respeto la lengua. Gemí de placer.

No pasaron ni dos minutos y levantó la cabecita, su cara parecía como el que se
come una cesta entera de moras. Me dijo "¿esto es follar para ti?", contesté que no. Y
me dijo pues ¿entonces?. No protesté a aquel argumento tan lascivamente edificado.
Prosiguió comiéndome las entrañas con la habilidad con la que un niño lame su piruleta.
Los minutos se perdían en el tiempo al ritmo de las contracciones sordas y amables de
mi vagina. Tras el tiempo necesario para que Belén enfureciera de placer (que no hace
falta mucho), noté un empujón en mi lado derecho que me dejó tirada en la cama y,
obnubilada por mi extrema fruición, no sentí más que agrado.

Hubo una pequeña recolocación no muy significativa; cual pequeño perrito
indefenso me postré en la cama con las rodillas clavadas en el colchón y mi barbilla
igualmente hundida en él. Entre Pedro y Belén me subieron hasta el tope de mi cintura
la falda y las bragas, viendo la complicación de bajarlas, fueron quebradas. Me
recordaba una jauría de perros hambrientos peleando por un trozo de carne cuando
despedazaban mi ropa interior. Allí, desnuda, indefensa, ansiosa por ser follada por
todos mis orificios, suplicaba por ser satisfecha enseguida.

Belén, ni corta ni perezosa, derramó sobre mi ano un poco de su saliva, espesa y
caliente, al igual que el zumo de mi chocho al ser exprimido por el vigor de mis
músculos internos. Y, ayudada por su dedo índice, lo esparció por toda mi cavidad
trasera. Luego con el dedo corazón para llegar más hondo. Y, al final, varios dedos a la
vez. La sensación interna de Belén haciendo un dedo por el ojete y Pedro
destrozándome a lengüetazos la concha, me propiciaba una situación en la que lo más
fácil era gritar de goce. Mis gritos hacían eco en las paredes de la diminuta habitación y
avivaban a mis dos "huéspedes".

Lo que había empezado como un juego, ya no me estaba gustando pues ya me
había desatado al completo y no sabía si podría responder de mí misma si llegara a
disposiciones límite. En el fondo me daba igual pues ya estaba indiscutiblemente
entregada a la sumisión de mis amigos y compañeros de alcoba.

Belén no cesaba en sus empujes malintencionados a través de mi orificio anal y,
mientras, Pedro, vacilando en todos los rincones de mi cueva íntima con su erguida y
vigorosa lengua. Así mantuvimos la posturita como petrificados por el regodeo como si
el tiempo no pasara.

Cuando ya estaba a punto de irme totalmente del mundo vivo y morirme en un
lecho de deseo saciado, Pedro me cogió por los hombros y me levantó poniéndome de
rodillas pero la cabeza levantada. De nuevo, me agachó la cabeza, ahora en dirección a
su pubis en el que me esperaba aquella longaniza que parecía tener un corazoncito en su
interior por las palpitaciones que no podía esconder. No dudé y me metí toda su polla en
la boca dejando sonar un gemido breve, suavizado por su monstruoso artefacto en mí.
Esa nueva situación me daba enorme placer, no por la forma de follarme por esa
abertura, sino por saber que le estaba dando placer al atractivo de Pedro. Pero no era así,
pues hizo falta que me guiara con su mano apoyada en mi cogote, indicando los
movimientos de mi cabeza, arriba y abajo, cada vez más rápido. Belén pasó a la lengua
que introducía suavemente deleitándose del momento de tener en su paladar el sabor de
mi recto cual caramelo delicado. Su habilidad mostrada al desnudo me edificaba en mi
cabeza un mundo de sumisión en el que yo era la esclava principal, por un lado obligada
a succionar aquella verga enorme; y por atrás succionada con rapidez con un anal-lingus
como nunca me habían practicado. Casi me faltaba ya el aire cuando llegué a mi
momento álgido colmado de gritos ahogados por la polla de Pedro y confundidos con
los alaridos de él por mi fellatio; ante los cuales Belén se mantenía callada entretenida
con su "juguete". De esta forma no pude evitar llegar a un orgasmo más bien
psicológico. Mi interior explotaba fogando toda la tensión acumulada en los momentos
previos, quejas de una fuerza desvanecida. Extenuada me quedé en la cama tirada.
Pedro y Belén miraban asombrados por mi enorme descarga climática.

Con mi fuego extinguido, y mi cuerpo babeante por todos los orificios, me quedé
echada a un lado de la cama de matrimonio en la que nos encontrábamos observándole,
plácidamente, agradecida y relajada. Belén se volvió, dando a entender su desinterés en
proseguir con Pedro el juego iniciado. Él hubiera dado lo que fuera por continuar su
felación hasta el final y alcanzar el orgasmo.

Sin mover la cabeza por el cansancio y la relajación tan profunda, seguí con los
ojos a Belén, la cual fue hasta su neceser y extrajo la misteriosa bolsa. Como curiosa
que soy, no aparté mis ojos de aquel embalaje de plástico negro, a la expectativa de
hallar la solución a mis dudas. No se hizo de rogar mucho, sacó una especie de braguitas
de cuero con una correa por detrás y adornos metálicos, y por delante un pene de
plástico duro imitando la forma de un buen pollón casi como el de Pedro. Noté como la
progresiva disminución de su erección frenó para dar paso a una continua y nueva
elevación. No me lo podía creer, iba a presenciar por primera vez como una mujer
lesbiana se follaba a un hombre hetero y ambos disfrutarían, además en primer plano.
Me notaba cada vez más húmeda, y no era por la regla, ni por la saliva de Pedro.

Pese a la evidente excitación de Pedro, su cara de asombro no podía esconder
ninguno de sus pensamientos del momento, y era lógico, pues sería la primera vez,
supongo, que iba a ser traspasado su ano con toda la virulencia de una bollera
obsesionada con el deseo tan varonil que supone el atravesar cavidades humanas, ya sea
con un miembro propio u "otro prestado". Yo sabía que las más sucias intenciones de
Belén al haber traído aquel artefacto al hotel, eran hacia mí. Pero ya que Pedro me había
dejado fuera de juego, no le importaba follárselo a él sin dejar de pensar en mí mientras
se lo cepillaba.

Empezó el juego y Pedro, preparado cual perrito domesticado, esperaba la
preparación inicial. Belén escupió un pegote de saliva sin apenas ganas al igual que me
había hecho a mí cuando pensaba que su "juguete" lo usaría conmigo. De un solo
lengüetazo lo esparció por todo el ojete y con un dedo, forzosamente, hizo que la saliva,
un tanto escasa, terminara de lubricar los adentros del culo de aquel muchacho tan
guapo. No esperó más y cómo el arquero que antes de su hazaña observa la puntería,
fijándose bien en el blanco de su flecha, no perdió la vista del ano; y, sólo entonces, la
metió. Con un gesto doloroso incluso a la vista, empaló a Pedro completamente sin
ninguna compasión. El grito de mi amigo debió haberse escuchado por todo el hotel y
las lágrimas de auténtico dolor corrían caprichosamente por sus mejillas. Mantuvo
cerrado los ojos durante un momento intentando negar la evidencia de que,
paralelamente a su virilidad, estaba siento follado sin piedad. En un principio, no
reaccioné, el tiempo se había parado. Belén, como una buena profesional, esperó a que
su aún encogido esfínter se adaptara a aquel enorme falo de goma. Pedro seguía tan
expresivo.

La escena me sobrecogió tanto que no me encontraba apenas deseosa de que
durara más rato. Pero un momento más tarde, Belén, considerando suficiente el tiempo
esperado, extrajo el rabo artificial de su ojal ensangrentado por la crudeza de la primera
penetración. No dije nada para no asustar a pedro. Pensé, Pedro no aguantaría mucho la
situación. Pero me percaté de mi error cuando pedro decidió abrir los ojos, miró a belén
y dijo. "¡¡No se te ocurra parar, Puta de mierda!!". La visión de un hombre como él
humillándose de aquella forma y dejando al desnudo la evidencia de su posición de
inferioridad en la cama, hizo que me sintiera de nuevo tan excitada como antes, o
incluso más. Sin dejar de mirar, me abrí la almeja con una mano usando dos dedos
solamente, y con la otra me busqué la perla casi palpitante como la polla de Pedro que
se dejaba ver entre sus piernas encogidas por el dolor.

Belén adoptó un ritmo cada vez más galopante en cuanto a sacudidas
verdaderamente fuertes hacia su culo y el palo de goma salía y entraba como "pedro por
su casa", chorreando babas del interior de su ano mezcladas con la poca saliva que había
depositado mi amiga en un principio. La cara de Pedro mostraba el paso asombroso de
dolor enorme a placer, que poco a poco me hacía enloquecer mientras me hacía un
dedo.

Belén prosiguió con la follada a Pedro cuando me di cuenta de que el pobre iba
quejándose cada vez más de dolor casi insoportable. Entonces, en pro de aquel juego
sexual, me abalancé hacia el churro aún empalmado. Tenía los huevos totalmente
arrugados por el dolor. Me dispuse a seguir con la mamada que hube empezado hacía
unos minutos.

La postura era de lo más sobrecogedora, belén ya cegada por el momento no
cesaba en las impías embestidas a través del ojete del muchacho, yo había desplazado
mi protagonismo del principio en Pedro cuya polla estaba siendo chupada ferozmente
por mí, y su culo estaba siendo destrozado por un pollón casi tan titánico como el suyo.
De esta forma, me corrí de nuevo, ahora incluso más fuerte que la anterior, que de
nuevo un grito ahogado se lo hizo entender a los demás. Acto seguido, Pedro también
llegó a su clímax sin previo aviso pues los empalamientos que estaba recibiendo le
mantenían sin apenas fuerzas para hablar. Así descargó en mi boca una sola oleada tan
copiosa como la catarata babeante que se descolgaba desde mi concha ablandada por el
ya extinto alborozo. Acto seguido, Pedro se separó del monstruoso artefacto que le unía
a la dueña de su deseo, y Belén se inclinó hacía mi boca para recibir el producto del
pecado con un morreo como nunca me habían dado.

De esta forma, tras un momento de hielo en el que ninguno se atrevía hablar, los
tres juntos nos duchamos sin pudor, con confianza y buen humor. Nos vestimos y
salimos en una noche llena de miradas cómplices y jueguecitos sin fin. El fin de semana
pasó de la misma forma en que empezó y, en cuanto tenemos oportunidad, repetimos lo
que para nosotros fue la llave que abrió una nueva forma de placer íntima, especial y,
sobre todo, nuestra y de nadie más.

Así, empezó una nueva amistad que llega más lejos que lo que la mayoría es
capaz de entender. Y ahora les dejo porque tengo visita.

Vienen unos amigos a "cenar".



Califica este relato
(-) (+)
1   2   3   4   5
Contactar al autor

Imprimir

Volver

Top

Si este relato es ILEGAL, reportalo a los administradores: Pinchando Aqui
Incluya el Titulo del Relato en su mensaje para que podamos revisarlo

Enviaselo a tus amigos
Enviaselo a tus amigos



    TU CORREO

Recibe Fotos Gratis por Mail
    TU CORREO

Recibe Videos Gratis por Mail


· Videos Manga ·
Videos de Cubana Super Tetas
Cubana Super Tetas
Videos de Zorritas Lesbianas
Zorritas Lesbianas
Videos de Susana Reche
Susana Reche
Videos de Come Pollas
Come Pollas



PETERPAUL ENTERTAINMENT S.L. | Condiciones Generales | Informacion General | Google Site Map | Publicitarse en PeterPaulxxx.com |