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Relato enviado por:
Eva |
Calificación del Relato
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Lecturas 13459 |
Enviado el: 2005-09-17 |
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| El Placer De Mirar |
Resumen: Soy una mjer que disfrusta mirando. La contemplación en la infancia de las relaciones sexuales de mis padres despertó en mí esta afición.
Soy una trabajadora de los Grandes Almacenes Estilo Británico, en la sección de ropa para caballeros. Desde niña, he sentido una gran inclinación al voyeurismo, creo que empezó cuando vi a mis padres practicar sexo. La primera vez fue casual, una noche me desperté con urgencia de ir al lavabo, y al pasar por delante de la habitación de mis padres les oí gemir. La curiosidad pudo más que la prudencia, y me asomé por la puerta entreabierta. Vi a mi padre de pie, ante la cama, con mi madre arrodillada que le lamía el sexo. Hacía poco que había tenido mi primera regla, y aunque mi madre, y en la escuela, me habían explicado algunas cosas sobre las relaciones sexuales, nunca imaginé nada parecido. Me sentí muy turbada, y me fui rápidamente a mi habitación. No conseguía dormirme, y por mi cabeza pasaban una y otra vez las imágenes que había visto. Sentía una dulce comezón en la entrepierna, de manera que llevé allí mi mano para calmarme. Sin sospecharlo siquiera, me masturbé por primera vez. Fue maravilloso, disfruté mucho y me dormí en seguida, con una almohada entre mis piernas.
La noche siguiente permanecí en vela hasta que me pareció oír un rumor procedente de la habitación de mis padres. Salí al pasillo y avancé con sigilo hasta la puerta, que abrí con suma cautela. En esa ocasión, mi madre estaba tendida en la cama, mientras mi padre, arrodillado, metía la cabeza entre sus piernas. Mi madre no podía evitar gemir, hasta que mi padre se levantó, con su polla erguida, la cual puso en sus labios, tal vez para acallar su dulce susurro de placer.
Mientras, me llevé la mano a la rajita, y me acaricié allí donde me daba más placer. Mi dedo seguía el ritmo de aquel gran falo, que entraba y salía con dulce vaivén en la boca de mi madre.
De repente, mi padre decidió cambiar de agujero. Se bajo de la cama, acercó a mi madre al borde de ésta, y, de pie él, le introdujo la grandiosa polla en el chocho chorreante. Ella pudo contener un alarido, pero se contorsionaba presa de un estallido de placer. Lo mismo me ocurrió a mí: cuando aquel instrumento ardiente penetró la dulce grieta, caí de rodillas, presa de un salvaje orgasmo.
Me fui a la cama, temblando de placer y temor, ya que pensaba que tal vez me hubieran oído. Pero no fue así, y la noche siguiente pude presenciar una escena similar. Aunque en esa ocasión permanecí más rato contemplando el dulce ajetreo nocturno de mis progenitores. El orden de los acontecimientos era el mismo: él le lamía la raja, ella le chupaba la polla, el la follaba por delante… Hasta aquí nada nuevo; pero después de un rato, mi padre le dijo a mi madre:
-Ponte de cuatro patas –ella lo miró con expresión ida, pues acaba de tener varios orgasmos-, que te la voy a meter por donde más te gusta, putilla.
-Oh, sí, cabroncete, dame por el culo.
Hasta entonces no habían abierto la boca, pero el hecho de que hablaran de aquella manera (en público, mis padres siempre se trataban con sumo respeto), me hizo sentir un orgasmo tan fuerte que me impidió permanecer de pie. Volví a la cama casi arrastrándome, y, aunque temblando, me dormí en seguida.
La noche siguiente entorné otra vez la puerta de aquella habitación, para presenciar de nuevo el mismo ritual, la misma secuencia de hechos cachondos.
Cuando mi madre estaba a cuatro patas (después de que mi padre se lo ordenase, llamándola “guarra comepollas”, a lo que ella respondió “chulo rompeculos”), él puso la roja cabeza de su enorme instrumento en su culo, justo ante el ojete. Me estremecía pensar que aquel aparato, que se me antojaba inconmensurable, pudiera penetrar a través de aquel pequeño orificio.
Instintivamente, palpé, mi propio ano, y suavemente empecé a introducirme un dedo, mientras con la otra mano me acariciaba la rajita. Al tiempo, la polla de mi padre, milímetro a milímetro, entraba en el culo de mi madre, que se retorcía de placer, mordiéndose los labios para no chillar de tanto gusto que sentía recorrer sus entrañas. Yo misma sentía dilatarse tanto mi propio ano que me introduje otro dedo, y otro; tres dedos tenia ya dentro del ojete cuando el falo de mi padre terminó de penetrar el culo de mi madre. Entonces empezó a meter y sacar, lentamente al principio, y progresivamente más rápido, hasta que, en medio de convulsiones, sacó la polla y la puso en la cara de mi madre, para expulsar en sus labios una densa leche de macho.
No sé qué pasó a continuación. Al parecer, me desmayé después de proferir un salvaje alarido.
Me desperté al día siguiente, bajo la severa mirada de mi madre. Tuve que contarle lo que había visto, y me hizo prometerle que nunca más volvería a espiarlos.
Por fuerza mantuve mi promesa, ya que ellos siempre tuvieron cuidado que cerrar bien la puerta.
En la familia se han silenciado aquellos hechos, pero desde entonces siempre me ha gustado ver a las personas, hombres y mujeres, en situaciones íntimas. Esto es lo que más placer me produce. Y, aunque he tenido relaciones sexuales con hombres y mujeres, lo que me da más placer es masturbarme espiando a personas cuando creen que nadie las ve. Por eso elegí este oficio.
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