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Relato enviado por:
Natalie
Calificación del Relato
Lecturas
14170
Enviado el:
2005-03-27
 Español Transexuales Transexuales
El Cambio De Vida Y De Sexo

Resumen:
La historia de mi vida hasta llegar a la mujer q soy hoy


Mi historia empieza como la de todos nosotros, sin saber porque, de repente un día se empiezan a utilizar prendas intimas femeninas y sé continua hasta transformarse en una mujer. No recuerdo bien cuando fue la primera vez, pero era muy pequeño, creo que tendría unos seis años. Una chica de servicio que había en mi casa tenía unas preciosas prendas intimas, que me llamaban la atención cuando las veía tendidas.
Un día hurgando en su maleta, saque unas braguitas, después de mirarlas un buen rato, empecé a desnudarme quitándome los pantalones y lentamente las fui subiendo por mis piernas sintiendo su suavidad hasta ajustármelas a mi cintura. La sensación que experimente, fue muy rara y a la vez excitante interiormente.
Poco a poco fui repitiendo estas experiencias, y cada vez utilizaba alguna otra prenda, siempre a escondidas sin que nadie de mi casa se enterara.
Cuando me encontraba solo en casa, solo pensaba en esos momentos en los que colocaba esas prendas tan suaves y bonitas sobre mi cuerpo, dirigiéndome inmediatamente a la maleta a buscarlas.
Con diez años era bastante alto para mi edad, y ya me vestía completamente con la ropa de la chica de servicio que teníamos en casa, colocándome un pañuelo en la cabeza, para ocultar mi pelo corto. Cada vez que me quedaba solo, intentaba tener una nueva experiencia, la ultima había sido pintarme los labios.
Jugaba con mis amigos y vecinos en mi casa a los maestros, eran todos más pequeños que yo y les explicaba en una pequeña pizarra que tenía como si fuera su profesor del colegio.
Un día les dije que la clase se la daría una maestra, se extrañaron bastante y cuando me vieron aparecer no se lo podían creer. Esa fue la primera vez que aparecía delante de otras personas como una chica, la recuerdo con mucho cariño, por la naturalidad con la que me exprese.
Cada día que podía utilizar el maquillaje y la ropa femenina, probaba una nueva manera de hacerlo experimentando nuevas formas de aplicarlo y de transformar mi cuerpo en el que quería que fuera. Ya había comenzado a maquillarme completamente toda la cara y cada día estaba mas contento con el resultado de mi nueva imagen.
En mi casa, nadie sospechaba lo que me estaba sucediendo y sin embargo yo mismo me encontraba cada vez mas cambiado. Procuraba utilizar la ropa cuando en mi casa no había nadie, o bien me encerraba en el baño, para pintarme los labios, y colocarme unas braguitas, un sujetador y algún jersey. Cada vez empezaba a fijarme mas en las demás chicas, en su forma de moverse, de vestir y de arreglarse, intentando realizar y probar esas nuevas formas de maquillaje y de peinado, en mi cara, llegando a transformarla en la de la chica que pensaba quería ser.
Tenía ya doce años y mi cuerpo no tenía ningún cambio significativo, el vello no había aparecido en ninguna parte de mi cuerpo a excepción de mi zona testicular. Empecé desde un principio a afeitármelo dejando solamente una pequeña zona sobre mi pequeño pene, lo había visto en una revista y me parecía muy femenino. Intentaba dejarme el pelo lo más largo posible para poder peinármelo como estaba aprendiendo ha hacerlo, pero a mis padres no les gustaba y continuamente me decían que me lo cortara porque parecía una chica. En mi interior me repetía que eso era lo que quería ser pero no me atrevía a decírselo.
En los momentos en que podía quedarme totalmente solo en casa, mi única obsesión era vestirme y comportarme como una chica el mayor tiempo posible.
Seguía con mis estudios en el colegio con muy buenas calificaciones, mi relación con mis compañeros era inmejorable, en ningún momento nadie podía imaginarse los momentos que en solitario pasaba en mi casa como una chica.
Había conseguido tener controlado donde se encontraban cada una de las prendas que utilizaba y así poder en muy poco tiempo vestirme y disfrutar de ello el mayor tiempo posible. En lo referente al maquillaje había aprendido mucho, sabía como ocultar pequeños defectos en la cara como granitos, disminuir la nariz y la barbilla. Cada día mejoraba la forma de maquillarme y me encontraba cada vez más guapa en mi personalidad femenina. Me encantaba leer las revistas femeninas que había en mi casa aprendiendo de ellas lo referente a moda y maquillaje.
Un día que mi madre había salido y no volvería hasta la tarde y además la muchacha estaba en su pueblo, decidí probar si realmente alguien podría reconocerme vestido como una chica.
Eran las nueve de la mañana y tenia por delante todo un día para mi solo, mejor dicho “para mi sola”. Al levantarme por la mañana me había duchado y había rociado mi cuerpo con una crema hidratante que había en el cuarto de baño de mi madre.
Empecé por hacerme una coleta estirándome cuanto pude el pelo hacía detrás. Tenía las cejas poco pobladas porque procuraba depilármelas, sobre todo el entrecejo y el inicio de las mismas, pero eran poco femeninas, para conseguir arquearlas utilizaba un poco de simulador mezclado con el maquillaje y jabón. Lo aplicaba al principio de la ceja, para que esta comenzara mas o menos en la vertical de las aletas de la nariz. Luego por la parte de atrás, lo aplicaba por debajo de la ceja para poder arquearla lo más posible. Estas pequeñas cosas son las que había practicado y experimentado varias veces hasta conseguir el mejor resultado.
Una vez conseguido el resultado apetecible, empezaba aplicando el maquillaje sobre toda la cara, utilizaba sombras de color marrón para disimular la barbilla y en ambos lados de la nariz para estrecharla. Una vez aplicado el maquillaje, y con la cara bastante cambiada, maquillaba los ojos con una sombras de tonos terrosos, acabando por delinearme los ojos con un lápiz de color oscuro, para posteriormente difuminarlo con un pincel, esto se lo había visto hacer a mi madre cuando se arreglaba.
A continuación me aplique la mascara de pestañas aumentando, alargando y curvando las mismas que en aquella época eran bastante largas para ser las de un chico. Mis ojos y pestañas siempre han llamado la atención desde muy pequeño eran muy grandes y las pestañas largas y pobladas.
Comencé a vestirme despacio, cuidando cada uno de los detalles. Al ponerme la braguita me coloque el pene hacía detrás como había aprendido a hacerlo, mis testículos que eran muy pequeños se ocultaban al realizar esta operación. Los pantis fue la segunda prenda que me ajuste, se deslizaban por mis piernas suavemente. Me colocaba unas hombreras en la zona de las caderas para aumentarlas, a continuación, un sujetador con corsé que se ajustaba a mi cuerpo. Solo faltaba colocarme le vestido que había seleccionado. Lo coloque sobre el suelo, y poco a poco lo fui subiendo desde mis pies hasta introducir mis brazos por las mangas para a continuación subir la cremallera. El vestido se ajusto a mi cuerpo como si estuviera echo a mi medida, había conseguido que mi cuerpo aumentara y disminuyera en las zonas necesarias para la creación de un cuerpo muy parecido al femenino.
Me solté el pelo, empezando a peinarlo lo mejor que sabia, dándole forma y volumen, dejando caer sobre mi frente un hermoso flequillo. A continuación me puse el pañuelo sobre la cabeza consiguiendo así un aspecto femenino.
Había tardado dos horas en arreglarme y el resultado era maravilloso. Pretendía comprobar si alguien podía conocerme en mi identidad femenina y para ello iba a llamar a uno de mis amigos de la casa que vivía dos pisos mas abajo del de mis padres.
Saque unos zapatos de tacón y después de colocármelos tome un bolso a juego. Pasee unos minutos por el pasillo para acostumbrarme a los zapatos aunque no me resultaba extraño andar con zapatos de tacón. Durante los momentos que me encontraba solo en casa, me los solía poner practicando con ellos la forma de andar y moverme.
Estaba muy nervioso, descolgué y marque el teléfono de mi amigo, le pedí que subiera a mi casa, porque quería enseñarle una cosa. Abrí la puerta de mi casa y comencé a bajar las escaleras muy despacio cuando oí abrir la puerta a mi amigo, encontrándome con él entre los dos pisos, le salude intentando poner una voz lo mas femenina posible y pase a su lado sin que se diera cuenta que era su amigo el que se acababa de cruzar con el.
Me di la vuelta y le llame por su nombre, se volvió extrañado y me pregunto que es lo que quería, seguía sin conocerme.
Le dije que era su amigo con mi voz y su sorpresa fue mayúscula. Le pedí que subiera a mi casa para hablar un rato. Le adelante, subiendo los peldaños que había bajado moviéndome lo más sensual que pude.
Ya en mi casa, pasamos al salón y le pedí que se sentara. Saque unos refrescos y me senté frente a el, cruzando las piernas como había visto hacerlo a otras chicas. A mi amigo no le salían las palabras de su boca y no hacía mas que decir “no me lo puedo creer”, como puedes ser una chica si ayer eras un chico.
Comente, lo bien que me encontraba siendo una chica, que pretendía serlo todo el día, pero que no me atrevía a decírselo a mis padres.
Poco a poco fue preguntando cosas, como donde tenía el pene, como es que tenía pecho, etc. Le fui contestando a cada una de sus preguntas intentando ser lo más coqueta que podía, poco a poco fui comprobando que mi forma de ser empezaba a ser muy femenina y mi amigo empezaba a ponerse nervioso al comprobar que lo que tenía enfrente era una chica. Note como empezaba a aumentar el volumen de su pene, a través de su pantalón, aunque pretendía disimularlo.
Me gusto la experiencia al comprobar que podía atraer a un chico. Me levante muy despacio para retirar las bebidas que habíamos consumido, llevando los vasos a la cocina, mientras mi amigo se quedaba sentado en el salón.
Al volver al salón me senté junto a él, preguntándole muy cadenciosamente que le parecía mi imagen. Me contesto inmediatamente que era una chica preciosa que le gustaba mucho. Esta contestación me dio pie para preguntarle si se atrevía a salir conmigo a la calle. Se quedo parado y sin voz, y esta vez tardo en contestarme. Me dijo que no se atrevía porque parecía una chica mayor que él y bastante mas alta, eso llamaría la atención a toda la personas con las que nos cruzásemos.
Cada vez le veía mas excitado y armándome de valor le pregunte acercándome si le apetecía besarme, porque me gustaría experimentar la sensación de un beso con un chico. Se levanto y me dijo que tenía que irse a estudiar, asentí diciéndole que le comprendía, que había sido una gran sorpresa para él.
Le acompañe a la puerta y antes de despedirnos, le pedí que no hablara con nadie de lo que había pasado, me prometió no decirlo. Le bese en la cara como agradecimiento, y note que se sentía incomodo con ello.
Eran ya las dos de la tarde, y me encontraba muy excitado con la experiencia que había tenido con mi amigo, mi mente daba vueltas y no sabía como podría ser mi vida a partir de ese momento.
Pasaron los días, y el fin de semana siguiente salimos todos mis amigos al cine. Me daba miedo que mi vecino y amigo dijera alguna cosa sobre la experiencia que había tenido conmigo en mi casa. La verdad es que se comporto como un buen amigo, guardando mi secreto.
Pasaba el tiempo, y seguía utilizando la ropa de la chica que se encontraba trabajando en mi casa, cada vez que tenía una oportunidad, mejorando cada vez mas la forma de mi cuerpo y en el maquillaje de mi rostro.
Cada vez me apetecía mas poder salir a la calle como una chica fuera de mi casa, y por eso empecé a programar mi primera salida como una chica a la calle, quería saber como seria esa nueva experiencia.
El día lo tenía ya programado, había conseguido una peluca media melena de color castaño rojiza, que me había probado en distintas ocasiones y que tenía escondida en mi cuarto.
Eran las once de la noche y mi familia estaba ya acostada porque el día siguiente iban a primera hora al medico. Tenía preparada toda la ropa que me pondría, así como el maquillaje que utilizaría. Las uñas postizas con las que había estado practicando los días anteriores fueron lo primero que me coloque en mi habitación.
Entre en el baño y empecé a maquillarme cuidadosamente, obteniendo un excelente resultado. Seguidamente fui vistiéndome poco a poco, ajustándome cada una de las prendas que me colocaba. La peluca y los pendientes, fueron los últimos detalles de mi trasformación.
Me puse los zapatos, tome el bolso guardando una barra de labios, el maquillaje, un pañuelo y las llaves de la puerta de mi casa y del portal.
Por fin abría la puerta para realizar mi primera salida a la calle como una chica, mi corazón palpitaba muy deprisa. Lentamente cerré la puerta tras de mí, procurando no hacer ningún ruido.
Comencé a bajar lentamente las escaleras intentando no hacer mucho ruido con los tacones, las escaleras parecían interminables, pero al fin llegue a la planta de salida a la calle, solo me separaba un largo pasillo en el que practique durante unos minutos mi forma de andar.
Decidida comencé lentamente a recorrer el pasillo que me separaba de las escaleras del portal, despacio fui bajando los peldaños encontrándome ante el portal que daba a la calle, introduje la llave y avance traspasando el umbral de la puerta.
El aire acariciaba mi cara, y mi cuerpo empezó a moverse lenta y armoniosamente. A cada paso notaba como mi seguridad en mi personalidad femenina iba aumentando. Pase por delante de una tienda de reparación de neumáticos que se encontraba abierta toda la noche, y uno de los mecánicos que en ella trabajaba, salió de la misma a dedicarme un piropo que no entendí por lo nerviosa que me encontraba. La poca gente que se encontraba en la calle en ese momento, no me miraba como algo raro, sino como una chica normal y corriente.
Paso aproximadamente una hora desde mi salida por el portal, había estado paseando por la calle sin que ninguna persona se extrañara de mi aspecto, me encontraba muy feliz y decidí darme la vuelta y regresar a mi casa.
Volví a pasar por la tienda de repuestos y el mismo muchacho volvió a salir caminando a mi lado y dedicándome lindos piropos. Entre en el portal y como seguía mirando, empecé a subir las escaleras lentamente contoneándome lo mejor que sabia.
Eran las dos y media de la noche, cuidadosamente introduje la llave en la cerradura para entrar en mi casa, la experiencia había sido maravillosa.
Pase al cuarto de baño, para quitarme la ropa, guardarla, desmaquillarme y acostarme silenciosamente en mi habitación.
Mi primera salida como una chica había sido a mis quince años, estaba emocionada y durante casi toda la noche, estuve recordando cada uno de los minutos que habían trascurrido desde el inicio de mi trasformación.
La rutina diaria del instituto y de mis clases de idiomas, se rompía las noches que podía trasformarme en Natalie, ese era el nombre con que me había bautizado. Las noches que salía, procuraba hacerlo siempre un poco mas de tiempo y cada vez mejoraba en mi aspecto y forma de moverme.
Un día quise dar una sorpresa a mi mejor amigo, tenía ya diecisiete años. Con él había tenido alguna conversación sobre el tema de la transexualidad pero sin decirle que mi intención era en un futuro poder convertirme en una chica. En las conversaciones le llegue a decir que no podría reconocer a un chico conocido transformado en una chica, si sabía arreglarse.
Tenía todo preparado, era miércoles y mis padres se encontraban fuera de casa en nuestra casa de campo y no volverían hasta la mañana siguiente. A la chica que trabajaba en casa le propuse que saliera esa tarde con su novio y que no volviera hasta la mañana siguiente antes de la llegada de mis padres que estaba prevista para las once de la mañana.
Habíamos quedado a las diez de la noche en un bar cercano a mi casa, que cerraba bastante tarde, para charlar y tomar una copa.
A las siete de la tarde comencé a arreglarme, lentamente me depile el poco vello que tenía en el cuerpo, axilas y zona testicular, dejando la zona que desde muy pequeño me dejaba sin depilar sobre el pene. A continuación después de ducharme, prepare un baño relajante de espuma perfumado, al salir mi cuerpo rezumaba un perfume muy agradable que excitaba a cualquiera.
Me esmere en el maquillaje, con tonos algo más fuertes que en otras ocasiones. Había comprado unas lentillas de colores que cambiaban el color y la expresión de los ojos, utilice las que más me gustaban y mejor me sentaban, unas de color gris.
El maquillaje iba cambiando la forma de mi rostro transformándolo en el de una preciosa adolescente, había destacado los ojos con tonos bastante atrevidos, pero muy combinados y nada exagerados. La mascara de las pestañas aumento su volumen y forma.
Las braguitas que había escogido para la ocasión eran tipo tanga, sujetaban perfectamente mi pene, pero en esta ocasión como me encontraba bastante excitado opte por masturbarme para que no se notara el mismo a través del vestido que me iba a poner que era muy ajustado.
Los pantis se deslizaron por mis piernas perfectamente depiladas como un guante, dándolas forma. Utilice un corsé que me había comprado para disminuir mi cintura y levantar el poco pecho que tenia. El sujetador se amoldo al contorno de mi pecho y tomo forma al introducir en su interior dos prótesis de silicona que también había comprado últimamente discretamente a través de Internet.
Al ponerme el vestido sentí una rara sensación, fue como el principio de una nueva forma de vivir, iba a mi primera cita con un chico.
El vestido se ajusta perfectamente a mi cuerpo, los finos tirantes dejaban al descubierto mis hombros y mi silueta es en ese momento la de una bella adolescente. Me coloque la peluca ajustándola a mi cabeza comenzándola a darle forma y volumen. El color castaño rojizo que tenía destacaba mi rostro perfectamente maquillado, al acabar de peinarme, rocié con un poco de laca el peinado.
Sentada en la mesa, comencé a colocarme las uñas postizas que había comprado para este momento, después de limarlas con mucho cuidado, aplique la laca de uñas del mismo color que la barra de labios.
Me miraba una y otra vez en el espejo de la habitación de mis padres y no podía dar crédito a lo que en él se reflejaba, una preciosa chica como la que deseaba y y quería ser .
Eran ya las nueve cuarenta y cinco y me encontraba totalmente decidida a dar el paso de contar a un gran amigo mis intenciones futuras.
Perfile mis labios y los rellene con la barra de labios que también había comprado para esta ocasión, aplique un poco de rubor en mis mejillas y finalice el mejor maquillaje que había hecho hasta la fecha.
Metí en el bolso la barra de labios, el maquillaje en polvo, el perfume, un paquete de pañuelos de papel, un monedero, las llaves de casa y mi documentación. Tome del armario una chaqueta, me calce unos preciosos zapatos de tacón que hacían juego con el bolso y después de volver a mirarme de nuevo en el espejo inicie una nueva experiencia como una chica, que sería definitiva para mi nueva personalidad.
Baje las escaleras procurando no hacer mucho ruido con los tacones, hasta llegar al descansillo del portal, tome aire y decididamente me dirigí al portal bajando las escaleras que lo separaban de la calle. Cuando me encontraba a la mitad, una persona entraba desde la calle, era uno e los vecinos de la casa, amigo de mis padres. Estaba tan seguro que no me reconocería que me dirigí resueltamente hacía la puerta, me dejo pasar sujetando la puerta y saludándome. Le sonreí contestándole pausadamente con una voz que ni yo mismo podía entender de donde salió.
Ya en la calle pase por la casa de repuestos, sonreí al muchacho que siempre salía cuando pasaba por delante de la tienda, me siguió durante un buen rato regalándome los oídos con bonitas palabras sobre mi cuerpo.
Llegue al bar, mi amigo se encontraba en una de las esquinas del mismo, había además otra persona y una pareja sentada en una de las mesas. Abrí la puerta y decidido me senté entre mi amigo y la otra persona que se encontraba también en la barra, sin ningún miedo pedí al camarero un refresco, la voz volvió a salirme como la de una chica.
Al sentarme en el taburete, la falda se subió mas de la cuenta bajándomela como había practicado tantas veces en mi casa.
Mi amigo no hacía mas que mirarme, parecía que le gustaba y no me había reconocido, el otro hombre que se encontraba también en la barra le sucedía lo mismo. Por fin mi amigo se decidió a entablar una conversación. Al principio no le hice caso, pero poco a poco fue acercándose y acepte a entablar una conversación. No podía entender como había cambiado mi voz tan rápidamente, era seguramente fruto de la entonación que pretendía fuera lo mas pausada posible y de las practicas que realizaba en casa.
Pasaba el tiempo, eran las once de la noche y mi amigo no hacia mas que mirar su reloj, ante esa insistencia le pregunte si esperaba a alguien, me dijo que a un amigo, pero que había pasado ya una hora y seguramente no vendría.
Intente que me contara los motivos de esa cita, pero solo me dijo que era su mejor amigo y que quería decirle esa noche un secreto que no sabia nadie sobre él. Seguí intentando sonsacarle mas información, cada vez me contaba alguna cosa mas, hasta que en un momento, me miro a los ojos y exclamo, ” no me lo puedo creer”, eres tú, mi amigo Carlos, le mire y le indique que no lo dijera muy alto.
Me miraba una y otra vez y repetía la frase “no me lo puedo creer”, eres una preciosa chica con un precioso cuerpo.
Me levante de la silla y le pregunte si le apetecía dar una vuelta, pago las consumiciones y nos fuimos del bar, me abrió la puerta y en ese momento me considere toda una mujer como me estaba considerando mi amigo Luis.
Ya en la calle le agarre del brazo paseando por la calle como una pareja más. Me confeso que intento ligarme para irse conmigo y dejar a su amigo que tardaba en llegar. Cuales eran en ese momento tus intenciones, pregunte. Me dijo que llevarme a su casa a tomar una copa y lo que se terciase. Me arme de valor y le dije que porque no íbamos a su casa como pretendía, me miro y acepto. Subimos en su coche y nos dirigimos a su casa, era un pequeño apartamento, muy bien decorado.
No sabía lo que iba a pasar pero estaba decidida a todo. Nos sentamos en el salón, me preparo una copa y puso una música muy melodiosa, colocándose en un sillón frente a mí. Su curiosidad era cada vez mayor, quería saber como había llegado a convertirme en la chica que era en ese momento. Todas las preguntas las respondía con la sinceridad de un amigo que ha contado su secreto a otro. Cada vez le veía mas excitado, mi presencia, mi olor, mi forma de hablar y expresarme le gustaba.
A una de sus preguntas sobre mis manos, le dije que se sentara junto a mí para poder verlas mas de cerca y tocarlas. Tenia unos anillos en dos de los dedos de la mano derecha y otro en la izquierda. Al sentarse a mi lado, me tomo la mano e instintivamente la beso, un escalofrió recorrió mi cuerpo. Hice intención de retirar la mano, pero me la sujeto muy amablemente pidiéndome perdón. En ese momento hice lo que me estaba pidiendo el cuerpo, besarle. Se quedo unos instantes paralizado, pero se acerco un poco mas y me respondió con otro beso, abrí mi boca y su lengua se introdujo en el interior e mi boca recorriéndola completamente buscando la mía con la que se entrelazo.
Al soltarme mi mano se deslizó hacía su bragueta, notando su miembro muy excitado. Con mucha tranquilidad comencé a desabrocharle el pantalón y sin saber como me encontré acariciando el miembro de mi amigo Luis. No creía lo que estaba pasando, como había llegado a ese extremo, pero también sin darme cuenta estaba introduciendo ese hermoso miembro dentro de mi boca. Notaba como latía en mi interior y como la lengua se deslizaba por todo él, sin dejar ningún lugar sin lamer.
Era la primera vez que lo hacía pero parecía que lo había hecho en innumerables ocasiones. Cada vez era mayor el ritmo con el que entraba y salía de mi boca, notaba como disfrutaba y yo me sentía feliz, haciendo feliz a mi amigo como una chica.
Note que algo iba a pasar, un chorro de semen choco contra mi garganta. Su sabor era algo dulce y viscoso, nada desagradable, lo trague saboreándolo. Poco a poco fui pasando mi lengua por cada parte de su pene, limpiándolo totalmente, se encontraba destrozado y no sabia que decir, quería que yo disfrutara como él lo había hecho.
Mire el reloj y le dije que otro día volveríamos a hacerlo más tranquilos y durante mas tiempo, que tenia que irme a mi casa porque eran ya casi las tres de la madrugada. Pase al baño para retocarme el maquillaje, pintarme los labios y arreglarme un poco el pelo.
Salimos de su apartamento hasta su coche en el que me acompaño hasta mi casa, despidiéndonos al llegar al portal de la misma con un beso, ante la mirada del muchacho del taller de ruedas.
Subí las escaleras moviéndome sensualmente y muy feliz por la noche que había pasado, tome el ascensor, pulse el piso de mis padres y espere a que llegara a su destino, mirándome coquetamente en el espejo del ascensor, abusándome el pelo y mandándome un beso.
Sin ningún miedo introduje la llave en la cerradura y de repente se abrió la puerta y me encontré delante de mi madre que me preguntaba quien era yo y que hacía entrando a esas horas en su casa.
El mundo se me vino encima y comencé a llorar, y dije que era su hijo, mi madre me metió en el cuarto de baño y me hizo quitarme toda la ropa que llevaba y entrar en la bañera. No hacía mas que decirme que no lo entendía, que era un chico y lo que tenía delante era una chica.
Me calme y empecé a contarla que yo quería ser una chica, que así es como mejor me sentía y que mi mejor regalo sería poder tener un precioso pecho y una vagina como cualquier chica. Esas palabras la enfurecieron y empezó a pegarme, pero sus golpes no llegaron a impactar en mi.
No fue posible ningún dialogo, aunque mis intentos fueron en esa dirección. Pedí que habláramos el día siguiente sobre el tema y que no se lo contara a mi padre, que fuéramos a algún medico que pudiera ayudarme a realizar mi sueño.
Mis palabras no tuvieron respuesta, los días siguientes fueron muy duros, ni mi padre ni mi madre me dirigieron la palabra. Por fin al cabo de una semana mi madre me dijo que iría al medico, creí ver en esas palabras la solución al problema, pero no fue así.
El medico no tenia ninguna intención de solucionar mi problema sino mas bien lo contrario, no hacía mas que decirme que mis pretensiones eran imposibles y que debería acudir a un psiquiatra para que me tratara de mi rara enfermedad. Así fue y durante seis meses acudí tres días en semana a un psiquiatra que intento convencerme que estaba enfermo mentalmente. Al principio pretendí que lo que había leído sobre la transexualidad lo aplicara en mi caso concreto dándole datos de personas que habían cambiado su aspecto exterior.
Al final no tuve mas remedio que seguirle la corriente y conseguir que esas sesiones acabaran, pero sin conseguir ninguna solución. A mis padres sin embargo les hice creer que el psiquiatra había conseguido su propósito.
Continuara.......


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