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Relato enviado por:
adrasex
Calificación del Relato
Lecturas
3456
Enviado el:
2005-03-20
 Español Sexo Gay Sexo Gay
Fantasia

Resumen:
De la forma mas inesperada cumplió con su fantasía sexual


Fantasía

Había tomado la decisión hacía tiempo, sólo que no encontraba la forma el momento ni el lugar en donde llevar a cabo mi fantasía. Sabía que había gente que se dedicaba a ello en plan profesional pero no conocía donde poderlos encontrar, aunque en el fondo creo que no tenía ninguna prisa por hacerlo. Una mañana alguien comentó en plan burlón y en voz alta que en determinada cafetería podías conectar con gente que se dedicaba a ello y que el trato se hacía en el lavabo y que tan solo había que mirar a alguien que te mantuviera la mirada y ya todo estaba de antemano convenido.

A mi todo me parecía muy fantasioso y no creía que fuera de esa forma ni mucho menos. No obstante, en cierta ocasión, aprovechando que tenía que ir a la ciudad y que pasaba cerca de la cafetería que habían comentado, me arme de valor y me acerque a ella.

La cafetería estaba llena de gente que aparentemente cada uno iba a lo suyo y muchos iban de paso. Me acerqué al mostrador y pedí un café, el camarero tardo poco en servirme a pesar de la cantidad de personas que había en la barra. Cuando lo alcé para sorberlo, me giré con cierto cachondeo pensando en el relato que me había atraído al lugar y encontré unos ojos claros que buscaban mi mirada. Fue de inmediato, como si supieran a que había venido. Me giré rápido, haciéndome el distraído, como sino me hubiese dado cuenta de esa mirada, al tiempo que sentí un fuerte calor que subía a mi cara.

Absorbí el café de un trago quemándome la garganta y me atreví a girarme para ver si todavía los ojos que me habían mirado con insistencia continuaban haciéndolo. Allí estaban y no había duda que buscaban los míos. El propietario, de los ojos, era un hombre joven bien vestido, alto, con el pelo muy engominado y con un puntito de macarra en la forma con que se desenvolvía, como manejando la situación. Me sonrió y con un gesto casi imperceptible me señaló al fondo, donde los aseos, invitándome tal y como contaron en el bar el otro día. Volví a girarme de nuevo hacia la barra, esta vez, con el ánimo de pagar y salir corriendo, pues había llevado demasiado lejos la situación y a pesar de que había pensado muchas veces en ello y que creía que había tomado la decisión, en ese momento, todas las dudas se amontonaron en mi mente.

Llamé al camarero para que se cobrara y cuando lo hubo hecho me giré con el deseo de no encontrarme con la mirada que sabía tenía pegada en el cogote. No encontré su mirada, ni siquiera su figura estaba en local por mucho que lo buscaba, entre el temor y el deseo de encontrarlo, no estaba y me reí. Pensé que todo había sido un juego de la mente que muchas veces crea la realidad con arreglo a nuestros deseos y temores. Y ya tranquilo, al no haber la posibilidad de que ocurriera lo que en el fondo quería que ocurriera, pero que llegado el momento, sabía que no iba a ser capaz de dar el paso. Paso por mi mente lo que hubiera ocurrido si hubiese sido realidad lo vivido y sentí que un fuerte calor recorría mis genitales.

Sin meditarlo dos veces me dirigí al aseo pues toda la tensión y el café que había tomado me habían dado ganas de orinar. Me metí en uno de los cubículos y cuando estaba cerrando la puerta apareció el hombre de los ojos claros indicándome silencio con un dedo en sus labios, se metió conmigo y cerró la puerta tras de sí sin darme tiempo a reaccionar (si es que hubiera querido hacerlo). En absoluto silencio, con una sonrisa en su boca y un ligero guiño en sus ojos, apoyó sus manos en mis caderas y me giró para ponerme frente al inodoro y de espaldas a él. Tomándome de las caderas fue acercando su paquete a mi culo, lo apoyo y moviéndose en círculos lo restregó por mis nalgas, haciéndome notar la dureza de su miembro, mientras su mano buscaba los pezones de mis tetillas para rozarlos y pellizcarlos con suavidad y su lengua rozaba mi cuello haciéndome notar su aliento.

Parecía que el vuelco de la situación era tal que ya no cabía nada más, que asumir y estar a la altura de las nuevas circunstancias y me dejé hacer. Estiré mis brazos, apoyé mis manos en la pared del frente, y cerré los ojos inclinándome y tirando el culo hacia atrás. Ya en ese momento estaba totalmente entregado El comenzó a sobarme la polla por encima del pantalón al tiempo que aproximaba su boca a mi cuello mordisqueando suavemente el lóbulo de las orejas. Pronto me desabrochó los pantalones bajándomelos junto con la ropa interior. Con una mano me acariciaba el culo, me tocaba los huevos por entre mis piernas y con la otra se bajaba su ropa y se desabrochaba la camisa. Cuando dejé de sentir las caricias giré la cabeza y lo vi tomando un preservativo y abriendo el envoltorio con los dientes. Girando un poco el cuerpo y totalmente dominado por el deseo estiré mi mano para tocar su miembro. Tenía un tamaño de lo más normal; me pareció una buena polla, con la cabeza en punta, bien derecha y con una piel clara y suave tanto a la vista como al tacto. Sentir esa dureza en mi mano me hizo calentarme aún más. Acaricié sus huevos mientras él se colocaba el preservativo y luego levantó la mirada y me sonrió. Yo sabía lo que se venía, y aunque por un momento hubiera deseado que fuera un sueño, lo estaba deseando. Volví a ponerme contra la pared, separé las piernas todo lo que mis pantalones en mis tobillos me lo permitían y me incliné todo lo que pude para ofrecerle mi virgen culo a ese desconocido.

Sin prisas retomó sus caricias en mi culo y pasaba una mano entre mis nalgas dejando que la punta de uno de sus dedos acariciara mi agujero. Usó saliva para humedecerme el ano. Con la palma de su mano apoyada en mis nalgas, dejaba ir un dedo entre ellas y con la punta hacía movimientos circulares y un mete saca de apenas un centímetro pero que me volvía loco de placer.

Con una mano me separó las nalgas y con la otra dirigió la punta de su polla frotándola en mi ano hacia arriba y hacia abajo hasta dejarla apoyada bien en el centro. Puso su mano en mi espalda para indicarme que me inclinara un poco más y me tomó nuevamente de las caderas atrayéndome hacia él y diciéndome bajito que me aflojara. La sensación de su polla tan dura apoyada en mi ano era tan placentera que no me costó mucho cerrar lo ojos y relajarme para disfrutarla. El lubricante del preservativo y su saliva hacían su trabajo, y podía sentir como parte de la cabeza de su polla entraba y salía de mi culo en pequeños movimientos. Siempre dirigiéndome con sus manos en mis caderas y a veces usando sus pulgares para separar mis nalgas fue metiéndola más y más hasta un punto en que realmente costaba hacerla avanzar más. Sentía dolor, mucho dolor punzante pero en ese momento ya no quería dar marcha atrás; quería sentirla toda adentro. Yo hacía fuerza para aflojarme más y él ejercía una presión suave pero constante para que siguiera entrando milímetro a milímetro. Al poco rato ya había metido casi la mitad y a pesar de la excitación, el dolor había hecho que mi verga se me bajara un poco.

Se me bajó un poco más cuando sentí que alguien entraba al cubículo de al lado y se ponía a orinar. Con su polla metida en mi culo y sin hacer ruido, mi compañero apoyó su pecho sobre mi espalda inclinada y estiró sus manos para acariciarme la polla y los huevos, al tiempo que se movía lenta y casi imperceptiblemente dentro de mí penetrando cada vez más con ese duro falo que me estaba taladrando el culo. Así esperamos durante un tiempo hasta que nuestro vecino ocasional terminara de orinar y para cuando se hubo ido, el dolor había cedido en parte, mi polla estaba otra vez dura y yo estaba sudando y moviendo el culo como una perra para que me cogiera con más gana.

Entonces se incorporó, me agarró de las nalgas y comenzó a cogerme con movimientos cada vez más largos y más duros. Por momentos rápido y por momentos lento consiguiendo llegar al fondo de mis entrañas. Con mis ojos cerrados me preguntaba qué cuernos hacía yo, gozando como una puta mientras alguien que ni siquiera conocía me daba por el culo. Pero no me importó, y en silencio le decía "si, cógeme, métemela hasta el fondo, no pares…" y movía el culo al ritmo de sus movimientos. Sentí como me apretaba aún más contra él, cómo me la metía más adentro y me mantenía así mientras su polla palpitaba dentro de mí y hacia que gimiera cada vez que llegaba al fondo de mi culo. Cuando mas frenesí ponía en sus envites me incorporó y cogió mi miembro y empezó a masturbarlo mientras descargaba su polla en mi culo al tiempo que yo explotaba sintiendo que mis piernas se aflojaban haciéndome perder el sentido e introduciéndome en la caída mas si cabe la polla en mi culo Pocas veces he acabado con tanto placer. Lentamente me la sacó, silenciosamente nos limpiamos y nos arreglamos la ropa y al salir le di un billete de 50€ y balbuceé un "gracias", todavía confundido y abrumado por todo lo que había pasado.



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